Uno de los tres loquitos que me leen me echo cacayacas y básicamente se quejó: “bueno, pos ya escribiste esa pendejada de los protocolos secretos de los sabios del yunque… ¿Y que? ¿Qué pex? ¿Ora que chingaos vas a ser o esperas que ocurra?”
Jijos, la verdad, aparte de poder echarle bulto y cumplir la entrega de las columnas diarias pos no tengo ni la menor triste idea que va a suceder a raíz de que baje del Sinai con esas leyes. No, dudo que las masas hambrientas de justicia se alzaran a raíz de mis escritos y tomaran el arzobispado como si fuera la nueva Bastilla (le jour de gloire c’est arrive!). Pero eso me puso a pensar en la relevancia de estas pendejadas que usted, juar juar, lee.
Por principio, entiendan que no tiene usted la menor puta idea de que son las consecuencias de hacerse pendejo leyendo estas columnas. Usted no sabe como afectara al universo de aquí a dos días o cien mil años. Eso es por dos razones: (1) tiene usted información incompleta, a lo mas puede hacer un estimado probabilística (“probablemente nada mas me hago pendejo leyendo las Ladillas”) y (2) la verdad es que es usted un ganado de dos patas que habita el planeta para alimentar a los reyes de la creación, los gusanos, los que se lo van a comer a usted eventualmente, y a estos les conviene mantenerlo como ganado, con información incompleta, el resto de su vida.
Por otra parte, el concepto del estimado probabilística me es atractivo. Los PANistas no lo han de saber pues no tienen ni pizca de cultura (son ne kulturny diria Putin), pero Prometeo les dio a los hombres el secreto de cómo hacer el fuego. De ahí siguió, entonces, la civilización. O sea, por esa acción de don Prometeo, eventualmente los hombres mandaron a la chingada a los dioses, inventaron la bomba atómica, e idearon pendejadas como la programación de Taravisa. Todo porque Prometeo andaba de buena gente enseñándoles a unos changos como mantenerse calientitos.
Pero mire mas allá de las consecuencias de hacerse pendejo leyendo esto. Imagínese, por culpa de la acción esa de Prometeo un pendejo como su servidor tiene ahora tribuna. Y no solo su servidor, que admite que es un pendejo, sino también otros compañeros aquí que definitivamente no lo son. O sea, lo que es periodismo ya ni definición tiene. Esta siendo redefinido aquí, en su pantalla, ahora mismo (parezco Lopez Droguira), donde un pendejo escribe y oste de pendejo lo lee. ¡Aleluya! ¡Hay comunicación! Y ni Pedro Picapiedr ni los pendejos del CISEN pueden hacer algo para evitarlo.
La columna de un pendejo como su servidor puede entonces tener –o no—la misma relevancia que el aleteo de la famosa mariposa esa de la teoría del Kaos (de Maxwell Smart). Por escribir esta pendejada y por leerla usted puede propiciarse un tsunami en Brasil o la Chucky podría amanecer guapísima o que se yo. Todos estos son resultados con una probabilidad asociada.
Lo cual me lleva a mencionar a Kurt Godel, matemático austriaco e intimo de Albert Einstein. Igual que el pelos parados de Einstein, Godel sufría de lo que llaman Asperger’s, una forma de autismo, que causa que seas super nerd y no sabes comportarte entre la gente normal. Godel instintivamente desconfiaba que el lenguaje –y las matemáticas no son mas que eso—fueran capaces de describir completamente una realidad abstracta. (Mofles, ¿Qué dijo?)
Deje le paso de esta para ponernos iguales. ¿Ya le dio el golpe? ¿Ta güena verdad? Bien, vera, Godel pensaba que hay abstracciones o chingaderas que existen y que no vemos, si, y que tratamos de describir matemáticamente (o con revelaciones religiosas, o viendo las tetas de Galilea Montejijo, etc.). Para Godel, estas abstracciones eran completamente reales. Es mas, yo conozco una chava que le llaman “La abstracción” que vive en San Adolfo Hitler en una casa contra esquina del monumento a Miramón, y trabaja en el ayuntamiento. Esta guapa pero es bien tocadiscos y rete pacheca y siempre anda “abstraída”.
Instintivamente, usted sabe bien que Godel tenía razón. ¿No existe acaso el Yunque, una “abstracción” que no vemos pero que ahí anda chingando? ¿Y a poco no cree también que haya tal cosa como “el chahuistle” y que este le ha caído al enano, razón por la que está salado? ¿Verdad que no es usted tan pendejo de ir a media noche en un viernes santo al cerro del mono blanco en Catemaco pues teme que una “abstracción” le jale las patas? Y si es religioso hasta ha de creer en Dios, un viejito barbón que vive en una nube y de vez en vez destruye a la humanidad nomás para demostrar cuanto los ama. Todas estas son abstracciones.
Los resultados de leer estas pendejadas constituyen, en conjunto, una abstracción Godeliana. Obviamente ni las leyes de las matemáticas o de la semántica son suficientes para entender el conjunto de resultados de escribir o leer esta columna. Pero el punto es entonces que, según lo probó Godel en su primer teorema, hay postulados de sistemas axiomáticos que nomás no se pueden probar.
Es lo que nos lleva a Einstein. Tanto el como Godel se interesaban, como buenos Aspergergianos, en las consecuencias de lo que andaban probando con papel o lápiz. Por ejemplo, ¿había uso práctico –aparte de destruir ciudades japonesas—del trabajo de Einstein? O, a la larga, ¿Qué implicaba el teorema de Godel? ¿Qué no hay certidumbres en ningún sistema axiomático, por ejemplo, las revelaciones religiosas? Ciertamente, los mexicanos pueden atestiguar que la necesidad constitucional de “certeza en los resultados electorales” vale pura y celestial chingada. O sea, el TRIFE es godeliano.
Los sacerdotes de la reina –la reina de las ciencias, las matemáticas—dirán, “ya no te la jales, pendejo, lo que Godel probó ya estufas y ahí muere y se aplica solamente a los números naturales”. Cierto, pero no me nieguen que tanto Godel como el pelos parados de Einstein se la pasaban jugando albures con lo que habían descubierto. Los dos estaban rete tocadiscos y solo estando loco se puede pensar que el trabajo de uno tiene en realidad relevancia. Eso es lo que motivaba tanto a Godel como a Einstein, investigar lo que se llama la “meta realidad” o sea, establecer si todas esas chingaderas que se les ocurrían tienen relevancia o nomás esta uno aquí para alimentar gusanos y ser cagado por miles de culitos chiquitos.
Así pues, regresando a la pregunta original que me hizo uno de mis tres loquitos, francamente, joven, no tengo, repito, ni la menor puta idea de la relevancia de lo que escribo. Probablemente es ninguna. Imagínese, si se comió la gusanada tanto a Godel como a Einstein, ¿pos que triste esperanza tenemos usted o yo de tener trascendencia? Tal vez por escribir esto y por leerlo usted se causen tsunamis en Brasil o que le crezcan pelos en las nalgas al chupacabras. (Mire lo que causó don Prometeo andando de chistoso.) Y tanto usted como yo no tenemos toda la información para predecir el resultado pues a los gusanos les gusta tenernos todos pendejos.
Si creo, lo admito, que hay abstracciones reales que están más allá de mi capacidad de entenderlas. Una de estas abstracciones son las motivaciones del conjunto de gusanos que me van a comer y me van a cagar. ¿Lo hacen por hambre? ¿Porque son unos ojetes? ¿Es la ley de la vida que te coman y te caguen? ¿A poco soy tan apetecible? ¿No les ha dado despensa el PRIAN? ¿No entienden que estoy lleno de colesterol y soy casi comida chatarra?
Pero mientras llega el día que me coman y caguen los gusanos pos le seguiré dando vuelo a la hilacha y le aconsejo que haga lo mismo. (Y si se destruye Brasil porque escribo esto y usted lo lee, ¿pos quien les manda de ser tan ojetes de prohibir los vuelos a México por lo de la PANdemia?) Bien lo decía Marco Aurelio el romano: “Asume que tu vida ya acabó y que te queda poco tiempo y vive el resto de tu vida como si valiera en verdad la pena vivirla.” Carpe diem.